calles de la antigua ciudad portuguesa de évora

Évora. Por aciero

Los centros históricos guardan la esencia de pueblos y ciudades. Son el núcleo original, callejuelas, monumentos, barrios y plazas en los que el presente se encuentra con el pasado. Pasear por ellos es hacerlo a través de siglos de historia hasta el origen mismo de los tiempos. Para que lo puedas comprobar, te dejamos con algunos de los centros históricos más bellos de Portugal. Encontrarás leyendas, lugares Patrimonio de la Humanidad, calles encantadoras, misteriosas iglesias y tantas historias que te costará volver a casa.

1. Tomar

Tomar

Por ©felinda

Accediendo al centro histórico de Tomar por la calle de Marquês de Pombal se contempla el castillo, arriba en la colina. A pesar de la distancia, su sola visión ya hace soñar con templarios y con la fabulosa leyenda del Santo Grial. Pero lo primero que hay que hacer es llegar a la bella plaza de la República, corazón del centro histórico de la ciudad, para conocer la legendaria figura de su fundador.

Se puede hacer caminando por la calle Serpa Pinto, una vía peatonal con animado comercio diario. Transitando por ella podemos hacer un alto en el Café paraíso, la cafetería más emblemática de la ciudad, con una decoración interior muy al estilo Bauhaus. No renuncies a probar algunas de las especialidades locales de dulces como las queijadas de almendra y calabaza o las tradicionales fatias de Tomar.

Cuando llegues a la plaza de la República, verás la escultura del templario Gualdim Pais. Curiosamente, da la espalda al castillo que ordenó construir para frenar la invasión musulmana. Su construcción comenzó, según se puede leer en una inscripción hallada en la torre del homenaje, el 1 de marzo de 1160. Con el paso del tiempo, Tomar se convirtió en sede principal de la orden del temple en Portugal y, desde entonces, desprende un aura de misterio.

El castillo de Tomar es una de las construcciones defensivas más importantes de Portugal. Su interior alberga el convento de Cristo y ambos forman un conjunto de gran valor, declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1983.

2. Alcoçaba

Alcobaça, Portugal

Por Palickap

Cuando se pasea por Alcoçaba se tiene la impresión de estar haciéndolo por una Lisboa en miniatura. Ubicada en los valles de los ríos Alcoa y Baça, es un claro ejemplo del eterno dilema “¿qué fue antes, el huevo o la gallina?”. Así, algunos afirman que fueron los ríos los que dieron nombre a la villa, mientras que otros defienden lo contrario.

Sea como sea, el hecho es que se llega a Alcoçaba y de seguida su centro histórico atrapa toda la atención. Es pequeño, pero agradable de recorrer a través de las tres plazas que lo articulan. Está la coqueta plaza de la República, con su pavimento mitad piedra y mitad césped. Desde la misma, pasando por el arco de Cister, se llega a la alargada plaza de Dom Afonso Henriques, con los comercios que muestran sus productos en la misma calzada.

El ritmo pausado, las fachadas cuidadas y las vías peatonales invitan a deambular buscando rincones singulares. Pero en algún momento habrá que dirigirse a la monumental plaza 25 de abril, donde aguarda la Real Abadía de Santa María, fundada en 1153 por la Orden cisterciense y declarada Patrimonio de la Unesco.

En todos los lugares donde se implantó el Císter se desarrolló una gastronomía y artesanía influidas por la vida monástica, y Alcoçaba no iba a ser la excepción. Aquí es famoso el “Pão de Ló” (bizcocho) y, sin duda, el mejor lugar para probarlo está a sólo 15 minutos en coche de Alcoçaba, en el municipio de Alfeizerao.

3. Évora

Évora, Templo de Diana y catedral, Alentejo, Portugal

Por joserpizarro

Évora es tan monumental que empequeñece a quien la pasea, pero no es nada grave. Y es que sus orígenes son tan remotos que concentra historia por sus cuatro costados. Pisar Évora es ir del Neolítico a nuestros tiempo. Más que una ciudad, ¡toda una máquina del tiempo!

Hay que traspasar murallas para entrar en la ciudad vieja. Su trazado urbano es un complejo sistema de callejuelas que acaban convirtiéndose en un museo a cielo abierto. Es, precisamente, su valor patrimonial e histórico lo que llevó a la UNESCO a declarar como Patrimonio de la Humanidad a todo el centro de Évora.

Para conocer Évora, lo mejor es comenzar en la plaza de Giraldo, el corazón de este espectacular núcleo histórico. Su característico empedrado portugués dirige nuestra atención a la iglesia de Santo Antonio y a la fuente de mármol de 8 caños, uno por cada calle que acaba en la plaza. Aquí el ambiente demuestra que Évora no es solo pasado. Terrazas, tiendas y pastelerías se reparten bajo los arcos blancos de los laterales.

Si salimos de la plaza por la rua Cinco de Outubro llegaremos a la basílica catedral de Nossa Senhora da Assunção, del siglo XIII. Su fachada revestida con granito rosa es una maravilla y dentro aguarda el mayor órgano de Portugal. Unos pocos pasos más y se alcanza el Templo romano, uno de los iconos de Évora. Tampoco puede faltar una visita la Capela dos Ossos (capilla de los Huesos), en la iglesia de San Francisco.

4. Monsaraz

Monsaraz

Por inacio pires

La belleza suele ser una impresión subjetiva, pero cuando la mayoría coincide en opinión, se convierte en algo objetivo. Es lo que ocurre con Monsaraz, el conocido como el pueblo más bello de Portugal. Ya la primera visión que se tiene de él es de las que se no se olvidan: a lo lejos, encaramado en la colina, de blanco resplandeciente entre murallas ocres.

Al verlo ahí levantado, se entiende que se escogiera como enclave natural para levantar el castillo que se asoma al valle del Guadiana como la proa de un barco. Hay que comenzar entrando por la Porta da Vila. De seguida el cuidado ambiente medieval cautiva. Si las fachadas se muestran en un blanco perfecto, el toque de color lo ponen los geranios de los balcones. No hay pérdida posible, porque la rúa Direita es la que ordena el entramado de calles.

Al poco, aparecerá la plaça Velha. Es pequeña, pero el conjunto que forma junto a la iglesia de Nossa Señora da Lagoa, la antigua iglesia, el hospital de la Misericordia y los antiguos Paços do Concelho, es de una belleza excepcional. Al final del recorrido, aguarda el castillo del siglo XII, del que sólo quedan murallas, patio de armas y torre del homenaje.

Ascendiendo a la parte superior de la muralla, se obtienen vistas espectaculares del entorno, con el gran embalse de Alqueva a nuestros pies. La panorámica del pueblo, al caer el sol, es de las que nunca se olvidan.

5. Viana do Castelo

Viana do Castelo

Por tsuguliev

A Viana do Castelo se puede llegar desde Oporto y no está mal comunicada pero, a pesar de ello, se dice de ella que es el tesoro más desconocido de Portugal. Y, como comprobarás, no debería ser así. Esta ciudad tiene un gran valor patrimonial, la cantidad de palacios, conventos, iglesias y plazas hacen de su centro histórico uno de los más bellos y agradables de recorrer de todo Portugal. Además, tiene el encanto de las ciudades pegadas al mar.

Lo primero que debes hacer es subir a lo alto de la colina de Santa Luzia. Se sube al parque usando un elevador centenario. Las vistas son prodigiosas: el estuario del río Lima, el puerto pesquero, el puente metálico de Eiffel, las verdes colinas pobladas de aldeas blancas. Antes de descender al centro histórico de Viana, hay que visitar el castro, con multitud de edificaciones que demuestran que ya los celta consideraban a este un lugar privilegiado para vivir.

Las calles empedradas del centro están encaradas al mar. Sin duda, la pintoresca rua Grande, adornada con multitud de paraguas coloridos, hará que no pares de fotografiarla. A ambos lados la misma, hay tiendas y restaurantes, pero el verdadero epicentro de la ciudad está en la praça da República. El recorrido es calmo, como si el estrés no se llevase bien con la belleza de su centro histórico. Pero no debería extrañar. Ya el refrán popular advierte de ello: “Viana do Castelo duerme, Braga reza, Oporto trabaja, Coimbra estudia y Lisboa gasta”.

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