Ruta del Cares, entre León y Asturias. Por IMAG3S
La Ruta del Cares es una de las rutas de senderismo más populares de Asturias y León. Sus 12 kilómetros recorren una espectacular garganta en los Picos de Europa por una senda que parece excavada por gigantes. Miles de personas la recorren cada año sin imaginar la historia que esconden sus rocas.
La «Garganta Divina«, como también se conoce al recorrido, guarda curiosidades sobre su construcción, su clima y su gestión ambiental. Estos son algunos datos de EUROPARC-España y del Parque Nacional de los Picos de Europa que revelan una cara menos conocida de este famoso recorrido.
Antes todo eso eran nogales
La construcción del canal hidráulico entre 1916 y 1921 cambió el paisaje para siempre. Los registros históricos de Turismo Asturias confirman que la zona albergaba el mayor bosque de nogales de toda Europa. Los árboles crecían densos desde la canal de Trea hasta el cauce del río.
Los ingenieros decidieron talar estos ejemplares para facilitar el paso de los obreros y el transporte de materiales. Los troncos cayeron al río y la corriente los arrastró valle abajo. Hoy solo queda el recuerdo de aquel nacedero en las crónicas de la época y en algunos topónimos locales.
Sirvió de refugio para 2.000 obreros
La obra original fue una hazaña humana sin precedentes en la montaña española. Cerca de 2.000 trabajadores participaron en la perforación de la roca caliza. Muchos de ellos no tenían alojamiento en los pueblos cercanos y establecieron su hogar en las propias cuevas del desfiladero.
Estas cavidades naturales servían de dormitorio y refugio contra las tormentas. Los obreros vivían en condiciones extremas para evitar los largos trayectos de subida y bajada. Esta presencia humana masiva transformó la garganta en un hormiguero de actividad industrial en pleno corazón de los Picos de Europa.
Algunos sufrieron el bloqueo de la nieve en Caín
Durante su construcción, el invierno dejó episodios de supervivencia que recoge la documentación del parque nacional. Una nevada histórica bloqueó a 400 trabajadores en el pueblo de Caín (León). Los víveres escaseaban y la comunicación con el exterior era inexistente por los caminos habituales.
Los hombres decidieron escapar de noche para salvar su vida. Caminaron por los riscos más altos y superaron varios aludes hasta alcanzar la zona de Los Collaos. Una huida épica y poco conocida, a la vez.
La senda se amplió en los años cuarenta
El camino que recorren hoy los senderistas no es exactamente el de 1921. La senda original era mucho más estrecha y peligrosa, destinada solo al mantenimiento del canal. Entre 1945 y 1950, una nueva fase de obras permitió ensanchar el trazado para facilitar el tránsito.
En esta segunda etapa trabajaron 45 operarios especializados. Los registros oficiales lamentan dos víctimas mortales durante este periodo debido a accidentes laborales. El esfuerzo de estos hombres permitió que hoy la ruta sea accesible para el gran público sin necesidad de equipo de escalada.
Tiene unos 71 túneles
El agua del Cares viaja por un sistema de ingeniería que desafía la lógica de la montaña. El canal cuenta con 71 túneles picados a mano con barrenos y dinamita. El objetivo era mantener una pendiente constante del uno por mil para que el agua fluyese por gravedad hacia la central eléctrica.
Cada túnel supuso meses de trabajo en condiciones de oscuridad y humedad. Los ingenieros calcularon cada ángulo con precisión matemática para evitar que el agua se detuviera. Esta infraestructura invisible acompaña al caminante durante todo el trayecto y garantiza el suministro de energía en la zona.
Hay un microclima y especies propias del Mediterráneo
Los Picos de Europa tienen un clima atlántico, pero la Ruta del Cares es una excepción biológica. EUROPARC-España destaca en sus informes la presencia de especies vegetales propias del Mediterráneo. El calor queda atrapado entre las paredes verticales de caliza y crea un efecto invernadero natural.
Es común encontrar madroños, encinas y hasta higueras en las laderas más expuestas al sol. Estas plantas sobreviven en un entorno que, por altitud y latitud, debería ser mucho más frío. El contraste entre la nieve de las cumbres y la vegetación mediterránea del fondo de la garganta es un fenómeno único.
Cuenta con una trampa medieval: el Chorco de los Lobos
Cerca de la entrada leonesa de la ruta existe una estructura que precede a la ingeniería industrial. El Chorco de los Lobos es una trampa de origen medieval protegida por su valor etnográfico. Consiste en una empalizada de madera que conduce a un pozo profundo donde los animales quedaban atrapados.
Los vecinos de Valdeón se organizaban mediante toques de campana para participar en la batida. Esta forma de gestión de la fauna muestra la relación ancestral de los habitantes con el entorno. La trampa es un vestigio de los tiempos en los que el lobo era el principal desafío para la economía ganadera local.
La frontera está sobre el abismo
La Ruta del Cares no solo une dos pueblos, sino que cruza límites administrativos invisibles. El puente de Bolín marca el punto exacto donde el caminante deja León para entrar en Asturias. Esta pasarela se sitúa sobre una de las zonas más profundas del desfiladero.
El puente actual sustituye a uno anterior que fue destruido durante la Guerra Civil. Las autoridades de ambas provincias coordinan hoy la gestión de este espacio compartido. Es uno de los pocos lugares del mundo donde una frontera se sitúa literalmente suspendida sobre un precipicio de sesenta metros.
En la ruta viven un montón de cabras (y pueden ser peligrosas)
La seguridad en la ruta depende en gran medida de la fauna local. Las cabras que pastan en las canales superiores son la causa principal de la caída de piedras sobre la senda. Aunque los animales no son agresivos, su movimiento por los riscos desprende rocas que adquieren gran velocidad.
Los informes de gestión de riesgos del parque nacional priorizan este peligro sobre las caídas al vacío. Los senderistas deben prestar atención a los ruidos en la parte alta de las paredes calizas. El uso de cascos no es obligatorio, pero los guías oficiales siempre recomiendan precaución en las zonas más estrechas.
El río parece fluir en dos direcciones
Aunque el agua del cauce natural sigue el sentido de la pendiente hacia el mar, la ingeniería del Cares logró un efecto visual y técnico curioso: el canal de alimentación, que discurre en paralelo a la senda, mantiene una inclinación tan mínima y precisa que, en ciertos tramos, el agua parece inmóvil o incluso parece avanzar en sentido contrario al río.
Esta precisión técnica permite que el agua del canal recorra los 12 kilómetros de la garganta perdiendo apenas unos metros de altura total y garantiza que el caudal llegue con la presión exacta a la cámara de carga de Camarmeña, donde se precipita por una tubería con una caída vertical de 230 metros para generar electricidad.
Carmen López
Soy periodista y escribo sobre cosas que importan en sitios que interesan desde hace más de una década.
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