Máscaras, fiesta y tradición: 6 pueblos con carnavales rurales impresionantes
Escrito por
02.02.2026
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5min. de lectura
Carnaval en Lantz (Navarra). Por JUAN CARLOS MUNOZ.
Si hubiese que subrayar una fiesta pagana divertida en el calendario anual esta sería carnaval. En España, aunque Cádiz o Tenerife se llevan la fama (merecida, por supuesto), en casi cada rincón se celebran de una u otra manera. Y hay carnavales rurales que poco tienen que envidiar a los multitudinarios en lo que se refiere a asombro o participación popular.
Carnaval se suele celebrar entre febrero y marzo, ya que tiene lugar antes de la Cuaresma y las fechas de esta dependen de las de la Semana Santa. Es un jolgorio previo al recogimiento por la conmemoración de la pasión de Cristo de los católicos, aunque en algunos pueblos como Alcázar de San Juan sacan a la calle sus disfraces en plena Navidad por una disputa histórica.
El caso es que en las zonas rurales del país también hay tradiciones carnavalescas asombrosas. Depende del lugar, puede que se le dé otro nombre según la lengua propia: por ejemplo, en Asturias el carnaval es antroxu; en Galicia es entroido; en el País Vasco puede ser inoteak, ihoteak o iñauteriak (entre otros) y en Cataluña es carnestoltes. Pero en todos es divertido, hay máscaras, bailes y se entierra una sardina metafóricamente. Estos son algunos de los carnavales rurales tradicionales más impresionantes.
Laza (Ourense)
El entroido de Laza es una de esas mascaradas tan propias de la parte norte del país como la de Valdesoto en Asturias (aunque la segunda no se celebra en Carnaval sino en diciembre). Los personajes enmascarados de este pueblo orensano se conocen como ‘Peliqueiros’ y, además de la cara tapada, llevan cencerros en la cintura y látigos en las manos.
No son los únicos protagonistas de la comedia. También está ‘la Morena’, una persona cubierta con la cabeza de un toro de mentira y una manta sobre el cuerpo que se lanza a atacar a los asistentes mientras su pandilla les tira tierra con hormigas.
Águilas (Murcia)
En esta localidad murciana hay un enfrentamiento lleno de color y sin dolores (o eso se espera). Se trata de la guerra de los Cascarones (un equipo es el de doña Cuaresma y otro el de don Carnaval) y los participantes se arrojan cáscaras de huevo rellenas de confeti, por lo que la diferencia de tonalidades está garantizada.
También hay una bebida propia de la festividad llamada cuerva, que puede recordar a la sangría y que no es apta para los abstemios. La graduación alcohólica que tiene es considerable. Además, hay chirigotas, carrozas y otros elementos propios del carnaval.
Lantz (Navarra)
En este pueblo navarro, su carnaval también tiene personajes tradicionales propios: Miel-Otxin, que es el malvado, y su socio Zaldiko, que resulta ser un tipo de minotauro. Ambos intentan capturar a Ziripot. Este es el individuo ficticio al que quiere la población, por lo que no es difícil adivinar de qué parte está el pueblo.
Curiosamente, desde el Ayuntamiento de Lantz explican que esta tradición comenzó tras la guerra civil por el empeño de los hermanos literatos Pío y Julio Caro Baroja. Además, también se encuentran por las calles del pueblo a los txatxos, otras personas vestidas con trajes tradicionales de carnaval que merece la pena conocer.
Almiruete (Guadalajara)
Situado en la Sierra Norte de Guadalajara, Almiruete es un pueblo pequeño que el sábado de Carnaval multiplica las personas que pasean por sus calles gracias a la fama de este festejo. Allí, los personajes principales son los botargas y las mascaritas, que interactúan con el público al lanzarles pelusas los primeros y confeti las segundas.
Más tarde, se ponen sus respectivas máscaras y comparten espacio con otros personajes tradicionales como el oso, la vaquilla o el domador. Estos van cubiertos con sus propias indumentarias y actúan entre ellos y con las personas de su alrededor. La fiesta dura toda la tarde y se alarga hasta la noche.
Navalacruz (Ávila)
Otro evento que puede entrar dentro de la categoría de mascarada como la de Laza o Valdesoto, aunque aquí se conoce como los Harramachos. Durante años dejó de celebrarse, pero la Asociación Cantobolero la recuperó y ahora el sábado de Carnaval vuelve a estar protagonizado por estos personajes que tienen diferentes papeles: los carátulas, que protegen de los hamarrachos; o la vaquilla, que intenta importunar a las mujeres.
Como ocurre con otras tradicionales mascaradas (que se suponen de origen celta) los ‘disfraces’ pueden parecer intimidantes o incluso dar miedo en comparación con los de otros carnavales, pero en esa tradición reside también su encanto. Además, es una manera de conocer la historia recóndita del país.
Villanueva de La Vera (Cáceres)
En este entrañable pueblo de La Vera tienen una tradición que es más bien lo contrario. Allí elaboran un muñeco de paja que representa a un maleante (desde tiempos de la Inquisición) vestido de negro, con un pañuelo blanco y una cabeza de madera, a la que llaman ‘la turra’, y lo sacan el domingo de Carnaval a la plaza del pueblo.
Ese día comienzan una serie de rituales que terminan el martes de Carnaval en un juicio. El muñeco siempre es sentenciado a muerte y se quema (menos la cabeza, que se guarda para el año siguiente) para después esparcir sus cenizas. El jolgorio continúa hasta que el cuerpo de los asistentes aguante.
Carmen López
Soy periodista y escribo sobre cosas que importan en sitios que interesan desde hace más de una década.
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