Garganta del Capitán: una ruta con cascadas, familiar y legendaria para huir del calor en Cádiz
Escrito por
09.08.2026
|
6min. de lectura
La cascada de la Garganta del Capitán, en Cádiz. Por Agustin
Un agradable microclima. Un sendero mágico con mucho verde y agua. Un bosque prehistórico. Leyendas de contrabandistas. Una poza de aguas cristalinas custodiada por una impresionante cascada. Estos son solo algunos de los ingredientes que ofrece este legendario paseo, ideal para familias, en la provincia de Cádiz: la ruta de la Garganta del Capitán.
Los kilómetros de costa y arenales infinitos del litoral gaditano tienen una alternativa muy refrescante y menos masificada en el interior. Vamos a conocer un recorrido que invita a sumergirse en la naturaleza y a viajar al pasado reciente a través de personajes fascinantes que dejaron su impronta, aún visible, en la roca.
Una ruta de 5,8 km entre cascadas y pozas por la última selva de Europa
La Garganta del Capitán está en la comarca del Campo de Gibraltar, en el término municipal de Algeciras, dentro del Parque Natural Los Alcornocales y de la Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo. Existe un sendero semicircular señalizado como SL-A 30 que parte del aparcamiento de La Renajosa y que invita a recorrer 10,95 kilómetros (ida y vuelta). El itinerario tiene unos 135 metros de desnivel de ascenso acumulado y discurre junto al río de la Miel. Para completarla, se requiere entre hora y media y dos horas. Es apropiada para hacer con niños.
Hay varios puntos en los que toca cruzar el arroyo, una buena oportunidad para refrescarse. A eso se suman los saltos de agua con sus pozas en la base: las cascadas inferior y superior de la Garganta del Capitán, así como la cascada del Prior. Aunque los charcos pueden resultar muy atractivos en pleno verano, hay que recordar las advertencias de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía: “La Garganta del Capitán no está designada como zona de baño, por tanto, el baño no está permitido. Es un sendero ofertado para el disfrute de la naturaleza y la observación del paisaje. En ningún caso está permitida la permanencia con elementos de acampada (mesas, sillas, sombrillas) en cualquiera de sus tramos. Gracias por tu colaboración”.
Ahora bien, siempre podremos echarnos algo de agua a cara, manos y cuerpo para combatir las elevadas temperaturas. Que esté prohibido pegarse un chapuzón no quita que la ruta siga siendo paisajísticamente preciosa y muy refrescante en verano, ya que atraviesa muchas sombras entre bosques de laurisilva con alisos, fresnos, laurales y quejigos. Además, ofrece vistas a la bahía de Algeciras, a un bosque de alcornoques y al monte público Hoyo de Don Pedro.
Como curiosidad, esta es una de las zonas del Parque Natural de Los Alcornocales que alberga los famosos “canutos”. Se trata de valles fluviales estrechos y profundos esculpidos por el agua a lo largo de milenios. Esta orografía tan particular ayuda a atrapar la humedad del Atlántico y del Mediterráneo, creando un microclima de selva tropical único en Europa. De hecho, ¡está considerada la última selva del continente! Y es que, por mucho que la Selva Negra alemana se lleve la fama, en realidad es un macizo montañoso de pinos y abetos, no una selva.
La misteriosa “tumba del Capitán”
Pero, ¿por qué es “la Garganta del Capitán”? ¿Qué capitán? En aproximadamente 2,7 kilómetros de ruta, veremos un desvío que conduce a la “Tumba del Capitán”. Es el punto más intrigante y misterioso del recorrido, con el que podremos hacer volar la imaginación de niños y niñas. Hay una cruz tallada en la roca con un epitafio de hace dos siglos y en el que todavía puede leerse con claridad el siguiente mensaje: “Aquí yace Gabriel Moreno, que falleció el 13 de junio de 1834, a los 77 años”.
Junto a la piedra, un cartel explicativo aporta algo de luz: “A pesar de las leyendas antiguas que vieron en esta tumba la morada final de un temido bandolero de la sierra apodado ‘el Capitán’, Moreno fue, sin embargo, el arrendador del molino de San José, fallecido en la primera epidemia de cólera y enterrado aquí por instrucción de la Junta de Sanidad. ‘El Capitán’, por su parte, fue abatido de un disparo en esta sierra cuando huía de las Fuerzas del Orden junto al grupo de salteadores del que formaba parte. La tradición local asegura que su valioso tesoro, fruto de años de asalto, permanece escondido en algún lugar de esta sierra”.
Al parecer, la rumorología ha confundido dos personajes para darle un aura enigmática a la lápida. En todo caso, aún queda espacio para la imaginación y el juego en familia: ¿Y si fuérais los afortunados que hallan el tesoro del contrabandista?
Un paseo con historia: tumbas antropomorfas y molinos harineros

La ruta de la Garganta del Capitán de Cádiz aún alberga más atractivos interesantes durante su corto recorrido. Además de ser un refugio climático ideal para el verano, los pasos nos llevarán a conocer las ruinas de los antiguos molinos de harina hidráulicos que había a orillas del arroyo como el de las Cuevas, el de San José o el molino de Enmedio. Son construcciones de aspecto decadente, devoradas por la naturaleza, que recuerdan que, en un pasado no muy lejano, aprovechaban la fuerza del agua para elaborar papel o harina. Estuvieron en funcionamiento desde principios del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.
Aún hay más. Otro punto de interés histórico es el Llano de las Tumbas, un espolón con diferentes tumbas antropomórficas talladas en la roca de arenisca. Son habituales en el entorno rural del Campo de Gibraltar y, aunque no hay datos fidedignos sobre su datación, se cree que pudieron servir como sarcófagos para enterramientos o para la preparación de momias desde la Edad de Bronce hasta la época paleocristiana. De momento, no se han encontrado las losas que cubrían las cavidades ni ningún otro elemento que permita descifrar qué pueblo las talló.
Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.












