Can Simonet de Rocabruna
Hay pueblos que no te gritan ¡ven!, pero cuando llegas entiendes por qué se recuerda. No necesitan una lista interminable de monumentos, les basta con una plaza tranquila, una calle bonita, un detalle inesperado o un paisaje que aparece de golpe. Si te gusta ir a cazar esos sitios que no tenías en el radar, aquí van siete paradas con encanto y una casa rural recomendada para completar el plan con calma.
El Bosque Encantado (Guadalajara)
En Zorita de los Canes, una localidad alcarreña con presencia, se encuentra El Bosque Encantado, ideal si vais en grupo. El alojamiento tiene 4 dormitorios (hasta 12 personas), un jardín enorme con terraza y barbacoa, patio andaluz y una sala de juegos muy disfrutona con billar, futbolín y ping-pong.
El pueblo se asienta sobre un peñón junto al Tajo y su castillo medieval marca el ritmo de la visita. Entre murallas, torre albarrana y la panorámica del río, la sensación es bastante épica, de las que apetecen si eres amante de la historia. Y si quieres un extra distinto, muy cerca está la Recópolis, la ciudad visigoda que mandó construir Leovigildo en el cerro de la Oliva en honor a su hijo Recaredo. Es un plan poco típico que suma mucho a la escapada, ¿no crees?
Hotel Boutique Rincón de Navarrete (Zaragoza)
Si te apetece dormir en un sitio especial, el Hotel Boutique Rincón de Navarrete es una opción redonda. Es un edificio antiguo rehabilitado a partir de cuadras y pabellones de una casa solariega aragonesa, conservando elementos de época. Tiene 13 habitaciones y ese punto de alojamiento con personalidad que mejora el fin de semana.
A 16km del alojamiento, descubre en el valle del Jiloca a Anento, que guarda su mejor sorpresa antes incluso de entrar en el municipio, el Aguallueve. Un espectacular manantial con pared de piedra, musgo y pequeñas grutas que parecen sacadas de un cuento. El paseo es fácil (menos de una hora) y, al volver, el pueblo se disfruta con ese encanto de lo pequeño: calles tranquilas, castillo y un ambiente que te hace bajar las revoluciones.
Borda Aranzazu (Guipúzcoa)
Nos escapamos al corazón de Guipúzcoa, a Oñate, una de las villas monumentales más bonitas del País Vasco. Aquí se encuentra Borda Aranzazu encaje perfecto con el destino. Son tres viviendas independientes rehabilitadas a partir de una antigua borda de pastoreo, manteniendo orientación y esencia, pero con equipamiento actual.
El pueblo es elegante, histórico y con un entorno de montaña que redondea la escapada. Su joya es la universidad Sancti Spiritus, una maravilla del Renacimiento vasco que impone en cuanto la ves. Muy cerca está el Santuario de Arantzazu, sorprendente por su arte de vanguardia y su atmósfera. Si además te apetece naturaleza, desde la zona salen rutas hacia Urbia y la crestería del monte Aizkorri.
Casa Vidosa, Casa Mailo y Casa Opechs (Huesca)
En la provincia de Huesca, Agüero se siente escondido, al final de una carretera que ya te prepara el ánimo. Bosque, curvas y de repente… los Mallos dominando el paisaje. Es pequeño, sí, pero impacta. Ambiente medieval, románico y en un entorno rocoso que atrae a escaladores y a cualquiera que disfrute mirando montañas con formas imposibles. Así que, si te gusta la naturaleza con presencia, aquí hay un “wow” asegurado.
Para alojarte, lo más práctico es hacerlo en Murillo de Gállego, donde tendrás tres opciones: Casa Vidosa, Casa Mailo y Casa Opechs. Si vais en grupo grande, Casa Vidosa o Casa Mailo, ambas conectadas, funcionan como una única vivienda hasta 12 personas. Y si queréis algo más premium, Casa Opechs de alquiler íntegro con diseño cálido y vistas.
Casa Rural El Riandero (Huelva)
Disfruta de una escapada encantadora en la Casa Rural El Riandero. Está en una huerta de 3000 metros cuadrados, a 50 metros del pueblo, con vistas a las montañas y a la propia huerta. Es luminosa, tiene cocina integrada en un gran salón con chimenea, está bien preparada para invierno y verano y cuenta con piscina al aire libre en temporada.
El alojamiento está en Linares de la Sierra, un destino que obliga a ir despacio, y eso es parte de su encanto. En plena Sierra de Aracena y Picos de Aroche, en la provincia de Huelva, el plan es callejear: empedrado, cal blanca y flores por todas partes. Además guarda un detalle precioso y muy suyo, los “llanos”, mosaicos de piedras en las puertas de las viviendas con formas geométricas, algunos del siglo XIX, que te hacen mirar al suelo como si estuvieras en un museo al aire libre.
Hotel El Patio (Tenerife)
En la isla Canaria de Tenerife, Masca se te quedará grabado en cuanto pongas un pie. Ofrece carreteras vertiginosas, acantilados y un barranco que baja hacia el Atlántico entre vegetación y roca volcánica. El caserío está en el macizo de Teno, una de las formaciones más antiguas de la isla, y tiene ese punto legendario de refugio de piratas, que le queda perfecto (aunque sea mito). El gran plan aquí es el Barranco de Masca, un sendero de unos 4,5 km que desciende hasta una playa de arena negra entre paredes impresionantes.
Para descansar después, el Hotel El Patio (Garachica, a 10 km) es un acierto. Está en la parte baja de una casona de 1565, dentro de una enorme finca de plataneras junto al mar y la lava. Su patio central y los jardines le dan un ambiente muy especial para bajar revoluciones.
Beget (Girona)
Y, por último, nos escapamos a Can Simonet de Rocabruna. Un alojamiento de alquiler íntegro, con 6 dormitorios y capacidad para hasta 16 personas. Una opción estupenda si vais varios y queréis una base cómoda para moveros por pueblos con encanto y paisaje de montaña.
Muy cerca está Beget, un pueblo pequeño del Prepirineo que parece detenido en el tiempo. Aquí predomina la piedra vista, los tejados a dos aguas, los balcones de madera y las calles estrechas junto al río. Es de esos sitios donde pasear ya es el plan, porque cada rincón es fotogénico sin esfuerzo. Entre lo imprescindible, la iglesia románica de Sant Cristòfol, el puente medieval y la torre del Reloj. Y si te apetece completar con naturaleza, el entorno acompaña con rutas y paisajes de montaña.
Ser cazapueblos es, en el fondo, viajar con buen ojo, elegir lugares pequeños que se disfrutan sin agenda apretada y que se recuerdan por sensaciones, no por listas. Estos siete tienen algo de eso: historia, naturaleza o detalles que no se ven todos los días. Elige el que te llame más y déjate margen, porque cuando el alojamiento acompaña, el viaje se vive con otro ritmo. Y eso es lo que hace que una vista se convierta en un fin de semana completo.
Miryam Tejada
Mi título universitario dice que soy licenciada en periodismo, pero realmente soy una todoterreno a la que le pilló la transición del mundo analógico al digital de pleno. Es decir, soy millennial, y eso lo que conlleva, según las habladurías, es que me dejo llevar y priorizo mi bienestar. O lo que es lo mismo, soy una apasionada de los viajes y las experiencias, del simple hecho de tomar unas cervezas entre amigas, organizar una buena comilona en la sociedad con sobremesa larga incluida o pasar las tardes en el parque con mis gemelos.













