Gazpachos manchegos con caracoles. Por Carbonero Stock
Un elemento imprescindible de los viajes es la gastronomía. En el turismo rural, los pueblos nos evocan recetas tradicionales y cocinadas a fuego lento, como hacían nuestras abuelas. ¡Cuántos elogios habremos escuchado al “pan de pueblo”! Además, cada destino se caracteriza por unas elaboraciones propias, vinculadas a lo que se produce en sus tierras. Hablamos de la fabada asturiana, de los calçots catalanes, de los callos a la madrileña o de la paella valenciana.
Hay que decir que, en la actualidad, podemos encontrar estas preparaciones con todo su sabor en otras comunidades autónomas, e incluso en la otra parte del mundo. Por ejemplo, un emblema valenciano como es la paella se puede comer como toca en Orlando, Londres o incluso en Dubai, según las distinciones de la asociación Wikipaella. ¡Cosas de la globalización, el estudio y la profesionalización de las cocinas! Ahora bien, todavía hay algunos platos que es muy difícil encontrar fuera de pueblos o zonas muy concretas. Unos secretos culinarios deliciosos por los que merece la pena recorrer unos cuantos kilómetros.
Escucha el podcast del artículo creado con IA y basado en la investigación de nuestros periodistas:
Urta a la roteña, en Rota (Cádiz)
Quien no sea de Cádiz, probablemente no sepa ni lo que es la urta. Se trata de un pescado de tamaño medio que suele capturarse en El Puerto de Santa María y Conil. Como tantas recetas tradicionales, el hoy afamado plato de Rota hunde sus raíces en las casas humildes. Hace un siglo, solo era un pescado de roca abundante y poco apreciado, de forma que prácticamente solo se comía en las mesas de los trabajadores del mar. Hasta que un restaurante empezó a servirlo y sedujo a los paladares más exquisitos.
La urta a la roteña combina el pescado con verduras, especialmente tomate, además de cebolla, pimiento y vino local. A finales de julio y principios de agosto se celebra el Concurso Gastronómico de Urta a la Roteña, una buena oportunidad para degustarlo.
El all i pebre de l’Albufera (Valencia)

El plato más conocido e internacional de l’Albufera de Valencia es la paella. Pero los pueblos pesqueros que rodean el humedal guardan otro tesoro gastronómico no demasiado conocido: el all i pebre. Un plato hecho con uno de los peces más preciados que se capturan en el lago, como es la anguila. Se prepara con patatas hervidas, ajo, pimentón y guindillas y se sirve tradicionalmente en una cazuela de barro.
Los lugares más populares para degustar este guiso son El Palmar y Catarroja. De hecho, se cree que su origen estaría precisamente en el coqueto puerto de Catarroja, un idílico rincón con un restaurante (Casa Baina) donde se puede probar este manjar.
Es Niu de Calella de Palafrugell (Girona)
Si te gusta la carne y el pescado, puedes encontrarlo todo junto en Es Niu. Se trata de una compleja elaboración típica de Calella de Palagrufell (Girona), que prácticamente solo se puede degustar aquí (y no en todos los sitios). Emplea pescado (bacalao seco o peixopalo y tripa del bacalao), huevo duro y patata. Con el tiempo, el plato se fue enriqueciendo con sepia o calamar, así como aves de caza (como zorzales y codornices), salchichas y tocino.
Es un vestigio de la cocina tradicional, elaborado a fuego lento y sin prisas, para lo que se requieren unas cinco horas de preparación. Seguramente eso explica por qué no es fácil de encontrar en las cartas de los restaurantes. La mejor época para probarlo es de mediados de octubre a mediados de diciembre. En honor a su nombre (“el nido”), se emplata de una forma muy curiosa, evocando el nido de un ave con los ingredientes. Hay quien lo acompaña con alioli.
El mondeju de Zaldibia (Guipúzcoa)

Si le preguntas a un vasco de Álava o de Vizcaya qué es un mondeju, seguramente te mirará con cara de extrañeza. Se trata de un embutido bastante desconocido incluso en el País Vasco, originario del pequeño pueblo de Zaldibia, en la comarca del Goierri. Se puede encontrar en pueblos cercanos como Ordizia, Atáun (donde se hacen con la sangre, por lo que quedan negros) o Tolosa… pero no mucho más allá.
Es una especie de butifarra blanca con grasa de oveja, puerros y huevos, además de otros ingredientes que pueden ir cambiando (callos, cebolla, pimienta, cayenas…). Todo se mete en el intestino del animal y se cuece a fuego lento. Su sabor es fuerte y muy especial, así que no deja a nadie indiferente: o te encanta o lo odias. Es de temporada, se consume en otoño.
Los figatells (Valencia y Alicante)

Los figatells son una especie mini-hamburguesas valencianas, aunque con una elaboración muy característica. Emplea la carne más humilde del cerdo, el tocino magro y el hígado, y se combina con otros ingredientes como papada o panceta y especias. En la actualidad, se pueden encontrar con añadidos más modernos como foie, mostaza, sobrasada, trufa o cebolla caramelizada. Todo se tritura, se mezcla y se forman pelotas. Se cocina frito o a la plancha.
Es cierto que existe algún restaurante que los sirve, pero hay que decir que no ha salido demasiado de su lugar de origen, que son las comarcas del sur de Valencia y norte de Alicante: La Safor, la Marina Alta, l’Alcoià, el Comtat y l’Alt Vinalopó. Si tuviéramos que decir una “capital del figatell”, mencionaríamos tres: Oliva, Gandía y Beneixama.
Los gazpachos manchegos… también de Castalla
Los gazpachos manchegos no son tampoco de un solo pueblo, pero es difícil encontrarlos fuera de una zona geográfica muy concreta entre Albacete, Murcia y Alicante. Algunos pueblos clave son Yecla (Murcia), Almansa (Albacete) y El Pinós y Castalla (ambos en Alicante).
Con el nombre de este plato, a mucha gente le viene a la cabeza el típico plato andaluz ligero de sopa fría. ¡Nada más lejos de la realidad! Los gazpachos manchegos son todo lo contrario: una comida caliente y contundente. Consiste en una torta hecha con agua, harina y sal que se trocea y se mezcla con un sofrito y un caldo con carne (a veces pollo, conejo o carne de caza) y verduras. Cada pueblo tiene sus toques como los caracoles, el aroma de la pebrella, los níscalos de monte, etc.
Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.
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