No quiero irme de este mundo sin…

Laura Fernández

Escrito por

19.01.2026

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10min. de lectura

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No quiero irme de este mundo sin perderme por una España tan rica y diversa que, incluso en el entorno rural, está llena de imprescindibles. Esta es una lista de lugares y experiencias que nos gustaría vivir antes de morir, rincones donde se concentra la esencia del país y donde viajar sigue siendo, sobre todo, una forma de sentir.

Asistir al reventón del río Mundo (Albacete)

Primavera en Castilla-La Mancha: Río Mundo, Albacete
Río Mundo, Albacete. Por: remore

Ver el reventón del río Mundo, cerca del municipio de Riópar (Albacete), es una de esas experiencias que confirman que la naturaleza es un espectáculo. Ocurre en los Chorros del Mundo, cuando después de días —o semanas— de lluvias generosas, el agua decide salir de golpe por la boca de la cueva como si alguien hubiese abierto un grifo gigante.

De pronto, donde antes había un hilo de agua aparece un rugido, una cortina blanca que cae desde más de cien metros y convierte el valle en algo parecido a un decorado de una película. No hay calendario fijo ni horario de visitas: el reventón pasa cuando quiere, y quizá por eso es tan mágico.

Pisar Marte en Lanzarote (Las Palmas)

Parque Nacional de Timanfaya, en Lanzarote (Islas Canarias)
Parque Nacional de Timanfaya, en Lanzarote (Islas Canarias). Por Paul

No requiere traje espacial ni una nave de Elon Musk, solo algo de curiosidad y dejar el reloj en casa. En el Parque Nacional de Timanfaya, el paisaje es tan exageradamente extraño que cuesta creer que siga siendo España y no Marte o un decorado de ciencia ficción. El suelo es negro, rojo, ocre. No hay árboles, casi no hay sombras y el viento sopla como si estuviera de paso por otro planeta. 

Todo nació de una serie de erupciones en el siglo XVIII que sepultaron pueblos enteros y dejaron esta inmensidad volcánica que hoy impresiona sin levantar la voz. Caminar por aquí —o recorrerlo en guagua, que también tiene su épica— es entender lo pequeños que somos y lo poco que manda el ser humano cuando la Tierra decide ponerse creativa.

Visitar la antigua ciudad omeya de Medina Azahara (Córdoba)

Medina Azahara
Medina Azahara. Por Stefano Zaccaria

Pasear por Medina Azahara es recorrer en silencio los restos de la ciudad palatina que Abderramán III mandó levantar en el siglo X, cuando Córdoba era la capital de uno de los califatos más poderosos de Occidente. Bajo el sol implacable, entre columnas derruidas y muros despojados, se percibe la ambición de un proyecto concebido para deslumbrar: mármoles traídos de todo el Mediterráneo, jardines escalonados y salones pensados para exhibir un poder casi absoluto.

Aunque solo duró en pie unos 70 años, el conjunto fue un importante centro administrativo y residencial. No es un lugar para mirar deprisa, exige lentitud y atención. Está situado a 7 kilómetros de Córdoba capital, es uno de los yacimientos más grandes de España y es Patrimonio de la Humanidad.

Contemplar los cerezos en flor del valle del Jerte (Cáceres)

Valle del Jerte, Extremadura
Valle del Jerte, Extremadura. Por h368k742

Ver la floración de los cerezos en el valle del Jerte es uno de los eventos naturales más populares de Extremadura. Durante unas pocas semanas de primavera —normalmente entre marzo y abril—, más de un millón de cerezos florecen y el valle entero se vuelve blanco, como si se cubriera de nieve o algodones. 

Desde localidades como Navaconcejo, Cabezuela del Valle o Jerte, los campos de cerezos se extienden junto al río, mientras que al subir hacia El Torno, Piornal o el puerto de Tornavacas se obtienen amplias vistas que permiten apreciar el manto blanco cubriendo toda la comarca. Más que un punto concreto, lo ideal es dejarse llevar por las carreteras secundarias y los caminos rurales, alternando paseos a pie y pequeños desplazamientos, porque la floración no se concentra en un solo lugar: envuelve todo el valle y cambia según la altitud y la luz del día.

Ser peregrino en el Camino de Santiago

Una mujer haciendo el Camino de Santiago, a su paso por Caldas de Reis. Por Armando Oliveira
Una mujer haciendo el Camino de Santiago, a su paso por Caldas de Reis. Por Armando Oliveira

Caminar, mochila a la espalda, kilómetros y más kilómetros, y al mismo tiempo descubrir que lo importante no está en el destino, sino en el camino que pisan tus botas. Esa es la esencia del Camino de Santiago. No hace falta ser religioso ni tener un plan espiritual muy definido: basta con dejarte llevar por los pueblos, los bosques, los campos y los rostros que se cruzan contigo cada día. 

En el Camino Francés, hay una curiosidad que casi nadie olvida: la fuente de vino en Irache, donde puedes rellenar la cantimplora gratis y brindar por el viaje. Por la Vía de la Plata, al sur, destacan los paisajes infinitos de la meseta extremeña y las ruinas romanas de Mérida, que parecen saludar al peregrino desde otro tiempo. El Camino del Norte, pegado al Cantábrico, es un festival de acantilados y verdes imposibles, con joyas como San Vicente de la Barquera, donde mar y montaña se abrazan. En el Camino Primitivo, la primera ruta que existió, impresiona su paisaje, tan agreste y verde. Y para quienes buscan calma absoluta, el Camino Portugués ofrece pueblos de piedra y el encanto de Tui, con su casco histórico detenido en la Edad Media. 

Cada camino es distinto, pero todos comparten eso que hace que cada paso cuente: el tiempo para pensar, para encontrarte con otros, o simplemente para mirar el paisaje.

Dormir en un castillo como si fuésemos de la realeza (Burgos)

Posada Torre-Palacio de los Alvarado
Posada Torre-Palacio de los Alvarado

España es tierra de castillos: hay más de 10.000 documentados dispersos por pueblos y valles, y se estima que podrían llegar hasta cerca de 20.000 si contamos también las fortificaciones menos conocidas que aún esperan ser catalogadas.

Muchos de esos muros de piedra no son meros vestigios fotografiables desde fuera, sino que se pueden visitar e, incluso, en algunos casos, dormir en ellos. Un buen ejemplo es la Posada Torre‑Palacio de los Alvarado, en Burgos: una torre palaciega que en su día fue sede de nobles y donde incluso durmió Carlos V. Aquí no es solo que te acuestes entre muros centenarios y camas con dosel, sino que sales al jardín y te rodea una atmósfera que podría estar sacada de una crónica de caballeros.

Pedir un deseo durante las perseidas en las montañas de Prades (Tarragona)

Perseidas
Perseidas. Por Agus ph

El macizo de Prades, poco poblado y con una contaminación lumínica mínima, es uno de los mejores lugares de Cataluña para ver la lluvia de estrellas de agosto: las perseidas cruzan el firmamento como si alguien las lanzara a propósito, una tras otra, sin prisa pero sin pausa. 

Por si fuera poco, desde estas mismas montañas también se podrá observar el eclipse solar de 2026, convirtiendo Prades en un balcón privilegiado para los grandes espectáculos del cielo. Este acontecimiento natural no se contempla en la península desde 1912.

Catar un Rioja en Haro (La Rioja)

Haro, La Rioja
Haro, La Rioja. Por jimenezar

Caminar por el barrio de la Estación de Haro, donde está la mayor concentración de bodegas subterráneas, es como entrar en un museo vivo del vino, donde cada edificio de piedra y madera huele a barrica y tradición. Son casas centenarias que se han adaptado a la vida moderna sin perder su encanto, con patios húmedos y túneles subterráneos donde el tiempo parece ir más despacio. 

Se puede pasear entre los viñedos que rodean el pueblo, perderse entre hileras de uva madura y respirar la tierra que dará los vinos que luego degustarás. Entre las bodegas se pueden visitar nombres míticos como López de Heredia, Muga o La Rioja Alta; y catar desde un tempranillo hasta reservas, llenos de aromas a frutos rojos, vainilla y madera. Al final, no es solo beber vino: es sentirse parte de siglos de pasión por la uva. Además, durante el mes de junio se celebra la Batalla del Vino de Haro, una Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Viajar a la Edad Media en Matarraña (Teruel)

Valderrobres, Matarraña, Teruel. Por Jose
Valderrobres, Matarraña, Teruel. Por Jose

Viajar al Matarraña, en Teruel, es como abrir un portal a la Edad Media: cada pueblo parece detenido en el tiempo, con calles empedradas, casas de piedra, portales arqueados y plazas donde tomar un descanso. Valderrobres, con su castillo imponente y su puente gótico sobre el río, es la joya de la comarca. Calaceite, Cretas y Peñarroya de Tastavins son otros rincones que parecen salidos de un cuento. 

Pero Matarraña no es solo historia viva: los paisajes también seducen. Rutas como el Parrizal de Beceite, un desfiladero de roca caliza con pozas de agua cristalina y bosques escondidos, te permiten caminar entre naturaleza salvaje. Esta maravilla es parte de la herencia árabe en la zona. Y es que, pasear por estos pueblos y perderse por sus senderos, es un viaje donde la Edad Media se mezcla con la tranquilidad rural.

Visitar las minas romanas a cielo abierto más grandes (León)

Las Médulas, en El Bierzo, León.
Las Médulas. Por Leonid Andronov

Este increíble laberinto de montañas rojizas, declarado Patrimonio de la Humanidad, fue la mayor mina de oro a cielo abierto del Imperio romano. Estuvo explotada hace casi dos mil años, casi nada, mediante un sistema tan ingenioso como brutal: la ruina montium, un sistema de la época romana que consistía en hacer estallar literalmente la montaña con agua. El resultado es este escenario de picos afilados, cuevas, castaños centenarios y senderos que parecen sacados de una novela de aventuras. Están situadas en El Bierzo, León. 

Pasear por Las Médulas, subir al mirador de Orellán o perderse entre los caminos del bosque es entender de golpe hasta dónde llegaba la ambición romana… y cómo la naturaleza, con el tiempo, acabó integrando el desastre y convirtiéndolo en belleza. No es solo un sitio que se visita: es uno de esos lugares donde la historia y el paisaje se dan la mano y te dejan sin palabras.

Laura Fernández

Laura Fernández

Periodista, blogger y viajera. No necesariamente en ese orden. En ocasiones me despierto sin saber dónde estoy. Adicta a los cómics y a los noodles con salsa de cacahuete. Redactora en @escapadarural, colaboradora en la Conde Nast Traveler y en la Divinity. Mi casa: Meridiano180.

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Montaña de Montserrat, en Barcelona.