Dónde se rodó ‘La bola negra’: pueblos abandonados, playas y edificios históricos
Escrito por
30.10.2026
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El personaje de Sebastián de La Bola Negra, una escena grabada en la iglesia de San Miguel Arcángel de Loranquillo (Burgos). Foto de COMUNICACION ATRESMEDIA
Hay películas que se ruedan en estudios y platós de cartón piedra y otras que se arraigan en la tierra. La bola negra, la aclamada (y premiada) obra de Los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi, es de las que dejan huella en la memoria de los espectadores y en los pueblos donde se han plantado sus cámaras.
Para recrear este ambicioso viaje emocional por la memoria, la literatura y la represión, los directores no buscaron decorados asépticos. Se adentraron en una España de piedra envejecida, en aldeas abandonadas donde el silencio es un personaje más. Nos ponemos en ruta para conocer los enclaves rurales que aparecen en la película del año, algunos olvidados, lejos del turismo de masas. Hay que recordar, eso sí, que hay que visitar estos destinos (sobre todo los deshabitados) con cuidado y respeto para que no pierdan su esencia.
Castil de Carrias y Loranquillo: dos pueblos deshabitados de Burgos
Si te interesan las localizaciones rurales de La bola negra es porque seguramente ya la has visto, así que poco spoiler te podemos hacer. Estos son los enclaves en los que arranca el impactante inicio del film. Un vecindario que camufla la tristeza de la incertidumbre de la guerra con una orquesta de bienvenida que es aplastada por un ruido nada melódico: el de las bombas de la aviación fascista.
Se trata de Castil de Carrias y Loranquillo, dos pequeños núcleos deshabitados y pertenecientes al municipio burgalés de Belorado separados entre sí por apenas 9 kilómetros. La España rural de los años treinta sería muy parecida al aspecto que lucen hoy estos enclaves. Casi todos los caminos son de tierra, y las casas de piedra y tejas (excepto algunas construcciones, que tienen tejado de fibrocemento con amianto). Hoy sus calles desiertas generan una sobrecogedora sensación de detención del tiempo. No es la primera vez que Castil de Carrias se convierte en localización para una película: también fue el plató de Gernika bajo las bombas, Sacamantecas y Volver a vivir.
A destacar que en Loranquillo está la iglesia de San Miguel Arcángel, el emblemático templo en ruinas que ilustra el cartel de la película. Es ahí donde el personaje de Sebastián trepa por las flechas clavadas de la estatua derruida de San Sebastián, santo y mártir que, con el paso del tiempo, se ha convertido en símbolo queer. Fue represaliado por ser diferente y por ser cristiano en una época politeísta. En la actualidad, la iglesia apenas conserva el crucifijo de detrás del altar; el resto son escombros.
Si te animas a conocer el entorno, puedes establecer tu base logística en alguna casa rural de la comarca de La Bureba. Es fácil que te encuentres a caminantes con mochilas en Belorado, ya que es uno de los principales hitos del Camino de Santiago.
La bola negra en Cantabria: playas, pueblos y un hospital de campaña
Hay una escena nocturna de contrastes. Se disparan fuegos artificiales que se reflejan en el mar mientras los soldados del bando fascista se bañan y se divierten en la playa. Un ambiente que choca con el fuego real y destructivo de la guerra, la belleza sensual y libre de los cuerpos jóvenes contrasta con el ocultamiento y el dolor del momento. Todo esto ocurre en una pequeña y preciosa playa salvaje rodeada de acantilados: se trata de La Arnía. Otras escenas en las que aparecen corriendo por la arena son de la cercana playa de Oyambre.
En el municipio de Valdáliga ocurre otro de los momentos cumbre de la película: el fusilamiento del amante de Federico García Lorca, Rafael Rodríguez Rapún. Antes del cruel desenlace, ocupa una cama en un hospital de campaña. En realidad se trata de un antiguo seminario mayor de la Universidad Pontificia de Comillas, en el que hay zonas sin reformar, por lo que era ideal para recrear el precario espacio.
Por último, y no menos importante, otro pueblo de Cantabria acaba tejiendo el hilo invisible que une las tres historias de La bola negra: allá donde se acabó refugiando Sebastián con su novio, dejando atrás una familia. Su nieto Alberto, un historiador del siglo XX, se acerca hasta Lafuente, en el término municipal de Lamasón, para descubrir la herencia que le había legado. Hoy es un pequeño núcleo de 17 habitantes enclavado entre los Picos de Europa y la sierra de Peña Sagra.
Sigüenza (Guadalajara): el antiguo cine donde brilla Penélope Cruz
El municipio de Sigüenza alberga diferentes escenas de La bola negra, aunque la más representativa es la que protagoniza Penélope Cruz. Interpreta a una cupletista glamurosa, enérgica y desinhibida que pronuncia esa frase que se queda en la memoria tras salir del cine: “El travestismo es la fantasía de la posibilidad y la guerra es todo lo contrario”.
Su descarado personaje participa en un espectáculo en el antiguo cine Capitol. Tras años de abandono, en la actualidad está en un proceso de rehabilitación para convertirse en un centro polivalente. El Ayuntamiento de Sigüenza agradeció el rodaje de la película en sus calles y espacios: “La grabación ha supuesto un importante impacto positivo para el municipio, con una notable repercusión económica en la hostelería, el comercio y los servicios locales”.
Sierra Nevada (Granada) y el gran símbolo de la película

El sistema de votación de clubes privados para aceptar o rechazar a nuevos miembros se hacía a través de una bola blanca o negra. Aunque es el título de la película, nos aventuramos a señalar que hay un elemento que es un símbolo aún más grande: la nieve. Representa el destino de quienes renuncian a su propia identidad, la represión que sufrieron las personas queer durante la Guerra Civil y la posterior dictadura, el manto que tapa heridas y recuerdos dolorosos, al mismo tiempo que oculta una verdad silenciada.
Las escenas nevadas de La bola negra se rodaron en el dominio de la estación de esquí de Sierra Nevada, concretamente en la zona de la Laguna y la pista El Puente, según han informado desde el propio centro invernal. Los ‘extras’ que aparecen haciendo de esquiadores profesionales de la época son miembros de la peña de Telemark Rikitaum de la zona. La obra inacabada de Lorca que da nombre a la película cuenta con una anotación que dice: “La madre, el padre, Carlos, los amigos, los esquiadores, la nieve”. Y qué mejor escenario que en las majestuosas montañas de la provincia que vio nacer al poeta, Granada.
Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.
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