Visitas efímeras: paisajes que solo se pueden ver cuando baja la marea

Escrito por

08.08.2026

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Una persona camina por la reserva de Urdaibai (Vizcaya), en marea baja. Por Neissl
Una persona camina por la reserva de Urdaibai (Vizcaya), en marea baja. Por Neissl

Hay paisajes que no se ven siempre. De hecho, pocos (o ninguno) se pueden contemplar inmutables de la misma manera. Los pueblos, montañas, praderas, campos de cultivo, ríos o cascadas van transformándose con el paso de las estaciones y con el clima: cambia la fuerza con la que discurre el agua, las tonalidades de los bosques, los paisajes agrarios florecen o se cosechan, las calles y montes se cubren por el blanco manto de la nieve.

También hay rincones que, según el momento, directamente se ven o no se ven. No es que sean diferentes, es que quedan ocultos. Hablamos de los paisajes que cubren o dejan a la vista, unas pocas horas, las mareas. Cuando el agua baja, la costa cantábrica y el océano Atlántico dejan a la vista parajes sorprendentes, desde arcos de piedra monumentales hasta caminos de arena, marismas y personas practicando métodos tradicionales de pesca. Conoce estas maravillas efímeras que solo se pueden apreciar cuando el mar da un paso atrás.

¿Por qué ocurren las mareas?

Marea baja en San Vicente de la Barquera (Cantabria). Por Ana Tramont
Marea baja en San Vicente de la Barquera (Cantabria). Por Ana Tramont

Las mareas son la respuesta de los océanos a la fuerza de gravedad que ejercen la luna y el sol sobre la Tierra. Aunque la luna es mucho más pequeña que el sol, está tan cerca de nosotros que actúa como un remolcador gigante, «tirando» del agua hacia ella. Como nuestro planeta gira sobre su propio eje, un mismo punto de la costa pasa por dos subidas (pleamar) y dos bajadas (bajamar) aproximadamente cada 24 horas y 50 minutos. Es decir, entre una marea alta y una marea baja transcurren unas 6 horas y 12 minutos.

Después están las mareas vivas, que suceden cuando la luna, el sol y la Tierra se alinean dos veces al mes (en luna nueva y en luna llena). Entonces las fuerzas de atracción se suman y el mar sube más de lo normal, pero también se retira mucho más en la bajamar. Este fenómeno es aún más extremo durante los equinoccios de primavera (19-21 de marzo) y de otoño (22-23 de septiembre).

Ahora que ya conoces por qué y cómo se forman las mareas, te presentamos esos lugares tan fascinantes donde el paisaje cambia según el momento del día.

Advertencias al visitar lugares con marea baja

Insistimos en la importancia de consultar las tablas de mareas de cada destino. ¡No seríais los primeros ni los últimos en quedaros atrapados por la marea! Puedes encontrar la información actualizada en páginas web especializadas de las comunidades autónomas, autoridades portuarias, etc. Es importante calcular bien los tiempos, sobre todo si vas a hacer una ruta, por muy corta que sea (como la de Covachos o la de Lekeitio). Además, hay que ir con calzado con buen agarre, ya que los fondos marinos suelen estar cubiertos de algas, por lo que son resbaladizos (¡nada de chanclas!). Por último, vigila siempre el nivel del mar y su comportamiento, no le des la espalda.

Las cuevas secretas de la playa de La Franca (Asturias)

Playa de La Franca en Ribadedeva (Asturias), con la marea baja. Por cameraman
Playa de La Franca en Ribadedeva (Asturias), con la marea baja. Por cameraman

Ubicada en el municipio de Ribadedeva, La Franca es mucho más que una playa de aguas tranquilas. Con la marea alta, se dibuja un arenal cerrado, pero el descenso del nivel del mar descubre espectaculares calas antes invisibles: El Oso, El Viveru y Regorgueru.

Además, la bajamar deja al descubierto inmensas cuevas de roca caliza esculpidas por el oleaje a lo largo de los siglos (a muchos les recuerda a la famosa playa de las Catedrales, una de las playas más sorprendentes de España, en Ribadeo). Para explorarlas con seguridad, revisa las mareas y utiliza calzado antideslizante adecuado.

El marisqueo en la ría de Arousa (Pontevedra)

Una persona mariscando en una persona de Vilagarcía de Arousa. Por Raquel Andrés Durà
Una persona mariscando en Vilagarcía de Arousa (Pontevedra). Por Raquel Andrés Durà

Cuando el mar se retira en la ría de Arousa, los arenales se convierten en campos de cultivo. Sí, has leído bien. Pero aquí, como es lógico, no crecen lechugas ni tomates, sino los frutos más preciados del agua salada: el marisco. La bajamar es el momento en el que decenas de mariscadoras (suelen ser mujeres) se adentran en la arena húmeda equipadas con rastrillos y capazos en busca de almejas y berberechos.

Es un oficio tradicional embrujador que permite descubrir el porqué del precio de este alimento, ya que se cosecha de forma manual y artesanal. Hay carteles explicativos sobre estas labores en el paseo marítimo que une Vilagarcía de Arousa y Carril.

Los corrales de Rota (Cádiz)

Corrales de Rota para pescar, en Cádiz. Por David Acosta Allely
Corrales de Rota para pescar, en Cádiz. Por David Acosta Allely

Seguimos con sabiduría ancestral que ha dado de comer a varias generaciones vinculadas al mar. En este caso, en la costa gaditana. Cuando se aleja el mar en Rota, queda al descubierto un antiguo e ingenioso sistema de pesca: los corrales. Son construcciones de piedra, levantadas de forma artesanal en la zona intermareal, que funcionan como trampas naturales.

Así, durante la pleamar, los peces, moluscos y cangrejos entran en los recintos arrastrados por la corriente. Al bajar la marea, el agua se escurre entre las rocas y quedan atrapados. Es el momento en que los “corraleros”, manteniendo viva una práctica de herencia romana, buscan a sus presas pacientemente.

Llegar a la ermita de Santa Comba de Ferrol (A Coruña)

Zonas de baño en Galicia: Ermita de Santa Comba
Ermita de Santa Comba (A Coruña). Por FRANVARGAS

Las mareas no siempre ocultan lugares; a veces, hacen imposible que una persona pueda llegar hasta ellos (¡a no ser que sea una sirena!). Es el caso de la pequeña ermita románica de Santa Comba, en la parroquia de Covas (Ferrol). Se alza solitaria sobre un agreste islote que, durante la pleamar, queda totalmente aislado por las olas del océano Atlántico.

El momento efímero en el que se puede visitar es cuando baja la marea. Aún así, es una aventura que obliga a sortear las pozas que se forman a sus pies, en la arena. Hay una ventana de unas dos horas para ir y volver de la ermita si no te quieres quedar atrapado allí. Si prefieres no correr riesgos, siempre puedes contemplar el peculiar templo desde la distancia.

Cruzar a la isla de San Nicolás en Lekeitio (Vizcaya)

Isla de Garraitz o San Nicolás en Lekeitio, Vizcaya
Isla de Garraitz o San Nicolás en Lekeitio, Vizcaya. Por mimadeo

Como antes, en la localidad marinera de Lekeitio también existe un rincón que solo se puede visitar en bajamar: la salvaje isla de San Nicolás o de Garraitz, frente a la playa de Karraspio. Cuando se retiran las aguas del Cantábrico, aparece un ancho sendero de arena y piedra que permite caminar sobre el fondo marino hasta llegar al peñón.

Son solo 600 metros, pero ya que estás, puedes recorrer la isla por completo con una sencilla ruta de 1,7 kilómetros. Desde su cima, a 43 metros de altitud, hay una bonita panorámica del litoral vasco. ¡Recuerda que debes regresar antes de que suba la marea si no quieres ser Robinson Crusoe por unas horas!

Ver el fango y la arena en las marismas de Santoña (Cantabria)

Parque Natural de las Marismas de Santoña en Cantabria. Por David Andres
Parque Natural de las Marismas de Santoña en Cantabria. Por David Andres

Las marismas de Santoña, que incluso esconden bonitas historias de amor, son uno de los ecosistemas húmedos más destacados del litoral Cantábrico. Aquí la marea provoca una gran metamorfosis constante. Al vaciarse la ría, asoma una infinita planicie repleta de lodo, fango y bancos de arena, atravesada por canales serpenteantes.

Aunque parezca un paisaje yermo, este fango rebosa vida: es una importante despensa de invertebrados que alimenta a miles de aves, garzas y espátulas. Para observar de cerca este gran espectáculo ornitológico, lo ideal es recorrer sus observatorios durante los meses de migración, entre septiembre y marzo.

El tómbolo de la playa de Covachos (Cantabria)

Isla del Castro frente a la playa de Covachos, en Cantabria
Isla del Castro frente a la playa de Covachos, en Cantabria. Por David Andres

La costa de Cantabria alberga en Soto de la Marina un arenal precioso. La diminuta playa de Covachos, flanqueada por altos acantilados, oculta un secreto que solo se revela en bajamar: un tómbolo (es decir, una lengua) de arena dorada que conecta la orilla con la escarpada isla del Castro, que en pleamar está totalmente aislada.

Es una estrecha franja efímera que parte el océano en dos mitades, creando un paisaje de gran belleza. De nuevo, si nos aventuramos a ir al peñón, es importante consultar la tabla de mareas para no quedarnos atrapados.

Raquel Andrés

Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.

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