10 lugares que debes conocer para decir que has estado en Asturias
Escrito por
19.02.2026
|
11min. de lectura
Valle del Lago, Somiedo, Asturias. Por IMAG3S
Índice
- Covadonga: basílica, cueva y lagos
- La Cruz de la Victoria de Cangas de Onís
- El río Sella y su popular descenso
- Cudillero: la villa pixueta
- Taramundi, madre del turismo rural
- Somiedo y los lagos de Saliencia
- Villaviciosa: la capital de la sidra
- Luarca y sus calamares gigantes
- Bulnes, el pueblo más auténtico de los Picos de Europa
- Colunga, playa y huellas de dinosaurios
- Extra: bajar a picar a una mina
Asturias no es solo fabes, vaques y lluvia (aunque eso también cuenta). Asturias es, como diría Víctor Manuel, “verde de montes y negra de minerales”, y justo esa mezcla es la que hace que la gente vuelva: naturaleza a saco y paisajes que te dejan con la boca abierta. Bueno, eso y que no hace calor asfixiante ni frío extremo, es un destino que se puede disfrutar todo el año.
Pero ojo, que la tierrina no es solo paisaje: aquí hay cultura a esgaya (en abundancia), gastronomía contundente y tradiciones que todavía se sienten en cada rincón. ¿Se puede abarcar todo en unos días? No… pero si solo tienes un fin de semana o unos días sueltos, aquí te dejamos una lista de lugares imprescindibles para empezar a conocer Asturias. Una confesión: ha sido muy complicado elegir solo diez.
Covadonga: basílica, cueva y lagos
Esto puede parecer un cliché pero es que si no vas a Covadonga, no puedes presumir de haber estado en Asturias. Muchos, muchísimos asturianos van mínimo una vez al año, sobre todo si tienen visita.
Cuando llegas, lo primero que sorprende es la basílica, imponente y elegante. Un lugar cargado de historia y simbolismo. Y es que, justo en uno de sus laterales está don Pelayo, levantando hacia el cielo la Cruz de la Victoria. No muy lejos podemos entrar en el lugar más sagrado: la Santa Cueva, una original ermita incrustada en la montaña y custodiada por la Santina, la patrona de los asturianos. Antes de retomar el rumbo hacia los lagos, no dejes de beber de la fuente de los siete caños que hay justo a sus pies. Si lo haces, “te casarás en un año”.
La subida a los lagos de Covadonga puede dar vértigo. No obstante, llegar hasta el Enol y el Ercina es la recompensa. Si pillas un día de esos de niebla, es como estar en un cuadro. ¿Sabías que la montaña de Covadonga fue el primer espacio natural en ser declarado parque nacional en España? Hoy es una parte del Parque Nacional de los Picos de Europa.
La Cruz de la Victoria de Cangas de Onís

Cangas de Onís es otro de los lugares cargado de simbolismo para los asturianos, pues de su puente romano (que en realidad es medieval) cuelga la Cruz de la Victoria. La misma que aparece en la bandera y en el escudo del Principado. No es la original, la cruz que llevó Pelayo durante la batalla de Covadonga está en la Cámara Santa de Oviedo. No obstante, esta réplica resume bastante bien lo que es esta tierrina: orgullo, memoria y un puntín de épica.
Fue la primera capital del Reino de Asturias y eso se nota en el ambiente, aunque hoy se viva entre terrazas y sidrerías. Cangas de Onís tiene mucho que ver. Pasear por sus calles es fácil, te llevarán hasta tiendas pequeñas, la iglesia de la Asunción o a alguno de sus chigres (taberna o sidrería típica de Asturias). Cangas es puerta de entrada a Covadonga y a los Picos de Europa, pero también es un lugar para parar y sentarse a orillas del Sella, aunque lo más divertido será hacerlo en la próxima parada.
El río Sella y su popular descenso
Si hay un plan que todo asturiano ha hecho al menos una vez en la vida (normalmente muchas más), ese es bajar el Sella en piragua. Es un clásico, y no importa que haga sol o llueva. Se hace. En la zona de Arriondas hay varias empresas multiaventura donde se puede alquilar el kayak, y te dan un bidón para meter las cosas de valor y que no se mojen. El trayecto son unos 15 kilómetros, pues llega hasta Llovio (Ribadesella). Si te parece excesivo (las agujetas en los brazos estarán incluidas), hay empresas que ofrecen trayectos más cortos. En cualquier caso, no se necesita experiencia.
Pero el Sella no es solo deporte y paisaje, también es fiesta. Cada agosto, coincidiendo con el primer sábado, el río se convierte en el gran protagonista de la Fiesta de les Piragües, declarada de Interés Turístico Internacional. El Descenso Internacional del Sella transforma Arriondas y Ribadesella en un hervidero de gente y música.
Cudillero: la villa pixueta

No quiero ponerlo, a Cudillero no le hace falta más turismo, pero si se trata de citar los imprescindibles de Asturias, Cudillero no puede faltar. Bueno, por eso y porque es uno de los pueblos más bonitos de Asturias. Bueno, del Cantábrico. Bueno, del norte. Bueno… sí, sí, lo es. Su forma de anfiteatro, las casas de colores cayendo por la ladera mirando al mar, sus pequeñas plazas, esas callejuelas… es como una postal.
Está entre faros y playas escondidas, como la de El Silencio. Es un pueblo marinero con identidad propia, pues tiene hasta su propia lengua, el pixueto. Y una fiesta, L’Almuravela, que todavía lo conserva en su pregón.
Taramundi, madre del turismo rural

Taramundi es uno de esos lugares que parece sacado de un cuento: aldeas entre montes, agua corriendo por todas partes y una tranquilidad que engancha. No es casualidad que aquí naciera el turismo rural en España. Fue en los años 80, cuando abrió La Rectoral y alguien tuvo la brillante idea de que dormir en una casa de pueblo también podía ser un planazo. Desde entonces, este rincón del occidente asturiano es sinónimo de escapadas, hórreos, senderos y vida rural.
Además de verde y silencio, Taramundi tiene identidad propia, incluso en la lengua: aquí se habla eonaviego, una mezcla entre asturiano y gallego. Súmale la tradición cuchillera, museos etnográficos, molinos y cascadas como La Salgueira, y ya tienes el combo completo. Y por si fuera poco, está a un paso de Santa Eulalia de Oscos, que fue Capital del Turismo Rural de EscapadaRural en 2024 debido a su entorno, una de las siete Reservas de la Biosfera que hay en Asturias.
Somiedo y los lagos de Saliencia
Asturias es salvaje, para muestra de ello, Somiedo. En este parque natural y reserva de la biosfera la naturaleza va a su bola: montañas, lagos glaciares, valles profundos y brañas, que son esos prados de altura donde los vaqueiros de alzada -dedicados a la ganadería trashumante– subían con el ganado. Hoy todavía se conservan las cabañas tradicionales con techo de escoba. Todo muy auténtico, muy de verdad.
Somiedo también es famoso por ser uno de los mejores lugares para la observación del oso pardo cantábrico, siempre con respeto y mucha paciencia. En cuanto a rutas, la más conocida es la Ruta de los Lagos de Saliencia, un recorrido circular que pasa por varios lagos de origen glaciar y que te deja claro por qué este parque es uno de los grandes orgullos naturales de Asturias. Aunque hay muchos más, Somiedo siempre es un buen plan, sobre todo para disfrutar en familia.
Villaviciosa: la capital de la sidra
Si hay algo que hay que probar en un viaje a Asturias es la sidra. Y si hay un lugar donde probarla, ese es Villaviciosa. Está en pleno corazón de la Comarca de la Sidra, rodeado de pumaradas, llagares y tradición sidrera. Aquí la manzana no es una fruta cualquiera: es cultura, economía y la excusa perfecta para reunirse. Si quieres aprender cómo se hace la sidra y por qué se escancia, este es tu sitio.
Pero Villaviciosa no es solo beber (aunque ayuda). Tiene un casco histórico agradable, una ría preciosa para pasear y playas como Rodiles, famosa entre surfistas. Es un lugar ideal para entender la Asturias más equilibrada: rural, marinera y sidrera. Todo a la vez.
Luarca y sus calamares gigantes

Luarca es ese pueblo marinero que mezcla puerto, cuestas imposibles y casas blancas mirando al Cantábrico. Es elegante sin proponérselo, tranquila pero con vida, y perfecta para pasear sin prisas entre el puerto, los miradores y el cementerio, que tiene una de las vistas más impresionantes del norte de España (sí, un cementerio, pero confía). Además, en él está enterrado Severo Ochoa, el Premio Nobel de Medicina, pues nació aquí.
Además, Luarca presume de contar con un centro dedicado al calamar gigante. No es postureo, es ciencia marina con krákenes que parecen sacados de una peli. Si sales de Luarca sin hablar de calamares gigantes, no has estado de verdad. Y, por si alguien tiene la misma duda que tuvo en su día Mariló Montero cuando conectó con el centro por ser destruido tras un temporal: no, no están vivos.
Bulnes, el pueblo más auténtico de los Picos de Europa

Bulnes es ese sitio que hace que te preguntes cómo demonios se vive ahí arriba. Un pueblo que pertenece a Cabrales (sí, donde el queso), enclavado en pleno Parque Nacional de los Picos de Europa, rodeado de montañas imponentes y sin acceso por carretera. Hasta no hace tanto solo se llegaba caminando, eso ya te da una pista del carácter del lugar. Hoy puedes subir en funicular, pero el aislamiento sigue siendo parte de su encanto.
El pueblo se divide en dos zonas, conectadas por un sendero empinado con vistas espectaculares. Desde aquí parten rutas míticas como la subida al Naranjo de Bulnes (picu Urriellu), símbolo del montañismo asturiano. También está muy cerca de la popular Ruta del Cares. Bulnes no es para ir con prisas: es para sentarse, mirar alrededor y entender por qué la montaña en Asturias se vive con tanto respeto.
Colunga, playa y huellas de dinosaurios
La costa asturiana tiene un sinfín de playas súper chulas de aguas cristalinas que a veces parecen el Caribe: Poo, Cuevas del Mar, Andrín… (bueno, vale, aquí están congeladas). Aunque para los turistas la más famosa suele ser Gulpiyuri, está demasiado masificada y es mejor dejarla tranquila si no queremos que desaparezca. Así que nos vamos a la costa de Colunga, a la playa de La Griega, un arenal dorado donde en verano puedes darte un chapuzón (helado) y disfrutar de algo que no esperas en una playa normal: ¡huellas de dinosaurios!
La Griega es parte de un área paleontológica conocida como yacimiento de icnitas, donde se conservan huellas de dinosaurios de hace unos 150 millones de años. Están perfectamente señalizadas para que puedas verlas desde una senda fácil junto al acantilado. Muy cerquita de la playa se encuentra el Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), en la llamada Costa de los Dinosaurios, entre Gijón y Ribadesella.
Extra: bajar a picar a una mina

Si hablábamos del “verde de monte”, ¿dónde está el “negro de minerales”? Si quieres una experiencia asturiana más, te recomendamos bajar al Pozo Sotón. Esta antigua mina de carbón de San Martín del Rey Aurelio fue declarada Bien de Interés Cultural y hoy es un referente del patrimonio industrial asturiano.
Aquí puedes ser “minero por un día”: descender en jaula hasta más de 500 metros de profundidad, recorrer galerías reales y ver de primera mano cómo era el trabajo en las entrañas de la tierra. También hay recorridos exteriores y un Centro de Experiencias y Memoria de la Minería donde aprender sobre la historia del carbón, la vida de los mineros y el impacto de esta industria en la región.
Laura Fernández
Periodista, blogger y viajera. No necesariamente en ese orden. En ocasiones me despierto sin saber dónde estoy. Adicta a los cómics y a los noodles con salsa de cacahuete. Redactora en @escapadarural, colaboradora en la Conde Nast Traveler y en la Divinity. Mi casa: Meridiano180.















