Ballenas, delfines, marmotas y otros animales que ver en España en verano
Escrito por
12.08.2026
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Delfines en el Estrecho de Gibraltar. Por Perry Van Munster/Wirestock
¿Sabías que no hace falta cruzar medio planeta en avión para hacer un safari? En verano, la naturaleza ofrece en España un espectáculo único: la posibilidad de contemplar fauna salvaje por tierra, mar y aire. Y es que, ¿a quién no le gustan los animales? Más aún si no son cotidianos en nuestras vidas o son animales poco conocidos.
A niños y adultos les encantará navegar por el estrecho de Gibraltar junto al rorcual común —que es el segundo animal más grande del planeta—, seguir el rastro de las escurridizas marmotas en los Pirineos o alucinar con el vuelo rosado y la pose tan fotogénica de los flamencos al atardecer. Preparad los prismáticos y la cámara, porque emprendemos un viaje estival lleno de vida en el que también nos podremos cruzar con tortugas marinas, murciélagos y rebaños que pastan apaciblemente en verdes prados.
Tarifa, una autopista de aves rapaces y del rorcual común (Cádiz)
El estrecho de Gibraltar es, junto con el del Bósforo de Turquía, uno de los puntos más utilizados por las aves para su migración hacia zonas más cálidas. Millones de ellas pasan cada año por aquí en su viaje de ida y vuelta al continente africano. La migración prenupcial tiene lugar entre marzo y mayo; la postnupcial, entre agosto y octubre. Son varias las empresas de avistamiento que ofrecen excursiones de medio día o día completo en Tarifa.
Algunos de los miradores más conocidos son Punta Camorro, Torre de Guadalmesí, Cazalla (donde hay un observatorio ornitológico), Punta Carnero, El Algarrobo, el valle de Santuario, el puerto de Bolonia y el puerto de Facinas. La diversidad es enorme, se pueden ver desde cigüeñas, buitres y águilas hasta aves marinas.
Pero en Tarifa no solo hay que mirar al cielo. En el agua está uno de los animales que más fascinan a las familias: el rorcual común, una especie de ballena que es el segundo ser más grande del mundo (solo por detrás de la ballena azul). Los adultos miden entre 20 y 27 metros de longitud y pueden llegar a pesar entre 70 y 90 toneladas. Varias empresas ofrecen tours acuáticos en los que se puede llegar a avistar este mamífero acuático. Si no hay suerte, hay más animales que quitan el hipo en esta “autopista marina”: delfines, cachalotes y orcas, entre muchos otros.
La tortuga boba en el Mediterráneo (Barcelona)
Hasta principios del siglo XXI, la tortuga boba (Caretta Caretta) anidaba de forma habitual en el extremo oriental del mar Mediterráneo (como Grecia, Turquía o Chipre). Sin embargo, en las últimas décadas su presencia es cada vez mayor en la costa española. Se cree que esto se debe al cambio climático, ya que el aumento de la temperatura del agua y de la arena favorece que los huevos eclosionen en lugares donde el clima antes era demasiado frío.
En la actualidad, a veces sorprenden a los bañistas en playas de Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía para acomodarse y desovar. Importante: si sois tan afortunados de presenciar este fenómeno, debéis mantener la distancia, no tocar a los animales ni enfocarlos con linternas y llamar al 112, ya que están en peligro de extinción. Para conocer más sobre esta tortuga marina, recomendamos acercarse al Centro de Recuperación de Anfibios y Reptiles de Cataluña (CRARC) de Masquefa (Barcelona), que ofrece visitas guiadas y pedagógicas.
El hipnótico vuelo rosado de los flamencos (Tarragona, Alicante y Málaga)
Con su porte elegante, sus largas patas y ese inconfundible plumaje rosado, los flamencos son una de las aves más fotogénicas que podemos observar en la península ibérica. Durante el verano, las lagunas y marismas se convierten en su lugar predilecto para alimentarse y descansar, regalando postales mágicas, especialmente al alba y durante la caída del sol. Aunque en España se pueden ver durante todo el año, las mejores épocas son durante la reproducción (primavera y verano) y en la migración (de otoño a invierno).
España tiene humedales privilegiados para su observación. En Cataluña, el Deltebre (Tarragona) es uno de sus refugios predilectos, donde se pueden ver en grandes bandadas. Apunta enclaves como el Observatori de La Tancada (cerca de Poblenou del Delta), gratis y de fácil acceso; o la Bassa de les Olles y el Mirador Migjorn.
En la Comunidad Valenciana se pueden admirar en las salinas de Santa Pola (Alicante). Por ejemplo, en el observatorio de la Torre Tamarit o en las charcas de la zona de El Pinet, en el sur. Otra parada obligatoria es la laguna de Fuente de Piedra próxima a Antequera (Málaga), que alberga la mayor colonia de flamencos de toda la península ibérica (¡unos 40.000 ejemplares!) y cuenta con miradores perfectamente acondicionados para las visitas.
La estampa bucólica del ganado en libertad en la sierra de Aralar (Guipúzcoa y Navarra)

El verano es el momento del año en el que muchos ganaderos suben a sus animales a la montaña. De esta manera, aprovechan los pastos en altura en una época con temperaturas agradables y favorecen la regeneración de los prados que hay en las zonas más bajas. No son animales espectaculares, no destacan por su gran tamaño ni por sus excentricidades. Pero encantan a los peques y dibujan unos paisajes bucólicos en las verdes lomas. Hablamos de ovejas, cabras, vacas y caballos.
Uno de los lugares donde se cumple a rajatabla esta tradición es en la sierra de Aralar, entre Guipúzcoa y Navarra. De hecho, en la actualidad todavía se celebra una pequeña fiesta con motivo de la apertura de los pastos en la montaña (el 1 de mayo); la bajada suele hacerse en octubre. Algunos lugares accesibles para entremezclarse entre el ganado son los alrededores del núcleo de Larraitz (en Abaltzisketa) o el área recreativa de Olakosaroi (en Zaldibia), que cuenta con un área cerrada de pottokas, una reserva que permite contemplar la icónica raza de caballo vasco que está en peligro de extinción.
El baile crepuscular de los murciélagos (Málaga)
Cuando el sol se esconde y la mayoría de los animales se retiran a descansar, comienza el turno de los reyes de la noche. Los murciélagos son mucho más fáciles de avistar en verano, ya que es la época en la que los insectos (su principal fuente de alimento) abundan. Lejos de la mala fama que a veces les precede en los cuentos, son unos mamíferos totalmente inofensivos para el ser humano y unos excelentes controladores de plagas naturales (¡pueden ingerir miles de mosquitos en una sola noche!).
Para observarlos, normalmente basta con acercarse al atardecer a zonas húmedas, riberas de ríos, entradas de cuevas o incluso parques urbanos arbolados. Algunos escenarios perfectos son la cueva del Gato de Benaoján (Málaga) o las mencionadas laguna de Fuente de Piedra y el delta del Ebro. Es importante tener en cuenta que los murciélagos hay que verlos desde el exterior de sus refugios y nunca utilizar linternas ni flashes (si necesitas iluminación, usa siempre luz roja, ya que apenas afecta a su visión nocturna).
Marmotas, las simpáticas vigilantes de los Pirineos (Lleida)
Si hay un animal peculiar y escurridiza en la alta montaña, es la marmota. Estos simpáticos roedores pasan hasta ocho meses al año hibernando bajo tierra y en verano llega el mejor momento para divisarlos. Es entonces cuando salen de sus madrigueras para tomar el sol sobre las rocas, alimentarse de hierbas y jugar, siempre dejando a un «centinela» vigilando el entorno. Si perciben algún peligro, emiten ese característico silbido agudo que resuena por todo el valle para avisar al resto de la colonia de que toca esconderse.
Los Pirineos son su hogar por excelencia. Uno de los lugares más apropiados para ir en su búsqueda es el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici (Lleida). Incluso tiene un paseo en su honor: la Ruta de la Marmota. Se trata de un sendero que parte del embalse de Cavallers y asciende por un paisaje de alta montaña. Son 11 kilómetros con 560 metros de subida y otros tantos de bajada. Si los peques no están preparados para hacerla entera, siempre se puede caminar hasta donde lleguen las fuerzas y volver. Si guardáis un poco de silencio y prestáis atención a las pedreras, quizás logréis ver alguna marmota asomando el hocico.
Raquel Andrés
Periodista y aventurera. Me has podido leer en Escapada Rural, Diari Nosaltres La Veu, La Vanguardia, El Salto y otros medios. Habitante y amante de las zonas rurales, sea cual sea el destino. Procuro escaparme una vez por semana con las botas de montaña, el arnés o el neopreno. También soy un intento de baserritarra.











