17 pueblos medievales con piscinas naturales: uno por cada comunidad autónoma

Escrito por
15.06.2026
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Piscinas naturales de Bolbaite, Valencia. Por Dronie_Spain
El patrimonio medieval y los espacios naturales aptos para el baño coinciden en numerosos rincones de España. Afortunadamente, porque el sol cada vez aprieta más y tener lejos el mar puede ser agobiante. Pero en muchos puntos, los castillos, murallas y calles empedradas conviven con ríos de aguas transparentes, pozas y playas fluviales situadas en el entorno de estas localidades históricas.
Esta selección reúne un pueblo medieval de cada comunidad autónoma donde es posible darse un chapuzón en su piscina natural durante los meses más cálidos del año.
Castril (Andalucía)
Castril se ubica en lo alto de una gran peña rocosa coronada por los restos de una antigua fortaleza andalusí. Además de su patrimonio histórico, de calles estrechas y casas blancas, la localidad se encuentra dentro del Parque Natural de la Sierra de Castril, uno de los espacios montañosos más apreciados del norte de Granada.
Muy cerca del casco urbano discurre el río Castril, donde se forman pequeñas pozas y una conocida piscina natural junto a la pasarela colgante y el sendero fluvial. Un oasis cuando el sol se convierte en un compañero que aparece todos los días y la lluvia es solo un recuerdo.
Beceite (Aragón)

Situado en la comarca del Matarraña, Beceite destaca por sus edificios de piedra, sus portales históricos y el carácter medieval de muchas de sus calles. El pueblo conserva antiguos molinos papeleros, puentes y palacios renacentistas que atraen a muchos amantes de lo medieval a esta zona montañosa de Teruel.
La playa marítima no está precisamente cerca, pero a pocos pasos del centro urbano está la Font de la Rabosa, una poza natural formada por las aguas limpias del río Matarraña. El lugar se ha convertido en uno de los espacios más populares del verano gracias a su fácil acceso y al entorno natural. También hay otra muy conocida como La Pesquera.
Cangas de Onís (Asturias)

Cangas de Onís conserva algunos de sus símbolos históricos más reconocibles, como el célebre puente medieval que todo visitante fotografía. La localidad sirve además como puerta de entrada a los Picos de Europa y combina ambiente montañero, tradición ganadera y arquitectura típica asturiana. Además de un montón de restaurantes en los que comer fabada y queso de Cabrales.
En distintos puntos del río Sella y del río Güeña aparecen pequeños remansos y zonas tranquilas donde es habitual bañarse durante el verano. Hay que tener en cuenta que el descenso en piragua es muy popular, así que mejor consultar dónde está permitido al baño antes de aventurarse. Muy cerca también está la piscina natural Olla de San Vicente, una joya natural escondida.
Esporles (Islas Baleares)
Esporles es un pintoresco pueblo de la sierra de Tramontana mallorquina, conocido por su arquitectura de piedra, calles tranquilas y su entorno rural muy bien conservado. Destacan la iglesia parroquial de Sant Pere y antiguas casas señoriales relacionadas con la tradición agrícola de la zona.
En las afueras del municipio, el torrent de Sant Pere y otros pequeños cursos de agua de montaña forman pozas estacionales y rincones naturales de baño sobre todo en época de lluvias cuando los ríos, arroyos y manantiales se llenan. Puede que el verano no sea la mejor época, pero con los cambios de meteorología que suceden, nunca se sabe. En todo caso, la visita al pueblo y su paraje merecen la pena.
Garachico (Islas Canarias)

Garachico fue uno de los puertos más importantes de Tenerife hasta que la erupción volcánica de 1706 transformó parte de la costa. Aun así, el municipio conserva un su conjunto histórico con conventos, plazas, iglesias y casonas tradicionales de arquitectura canaria, con la torre defensiva del castillo de San Miguel como principal representante medieval.
Las piscinas naturales de El Caletón surgieron precisamente tras aquella erupción, cuando las coladas de lava crearon formaciones rocosas que hoy retienen el agua del Atlántico. El baño se realiza junto al casco histórico y al paseo marítimo.
Potes (Cantabria)
La villa de Potes se encuentra en el corazón de la comarca de Liébana, rodeado de montañas y muy próximo a los Picos de Europa. Sus puentes de piedra, callejuelas y casas tradicionales se organizan alrededor de la torre del Infantado, uno de los edificios más emblemáticos de Cantabria interior.
La unión de los ríos Deva y Quiviesa crea pequeños remansos y pozas naturales muy utilizadas en verano. Fueron los propios vecinos de la zona los que delimitaron el paso del agua para crear las pozas en las que el baño es fácil.
Letur (Castilla-La Mancha)

Letur, en Albacete, mantiene uno de los cascos históricos más singulares de la sierra del Segura gracias a su origen hispanomusulmán. El pueblo conserva callejones estrechos, arcos, escalinatas y antiguos sistemas hidráulicos que todavía forman parte de la identidad local.
Curiosamente, dentro de su centro urbano se encuentra el Charco de Las Canales, una piscina natural alimentada por el agua de los manantiales de la sierra del Segura. El agua desciende entre pequeñas cascadas y acequias que históricamente abastecieron a la población. De hecho, Letur tiene el sobrenombre de ‘el pueblo del agua’.
Frías (Castilla y León)

Frías, considerado el pueblo más pequeño de España, no solo destaca por su tamaño, sino también por su curiosa ubicación sobre el cerro de La Muela, en Burgos. Las casas colgadas, el castillo de los Velasco y el puente medieval sobre el Ebro forman una de las imágenes más reconocibles del norte de Castilla.
En las inmediaciones del río Molinar, cercano a la localidad, se forman pequeñas pozas y saltos de agua rodeados de vegetación. El entorno mantiene restos de antiguos molinos y caminos tradicionales vinculados al aprovechamiento hidráulico. Las de la imagen, por ejemplo, están en Tobera, a solo 5 minutos de Frías.
Miravet (Cataluña)

Miravet, en Tarragona, se extiende junto al río Ebro bajo la silueta de su castillo templario, una de las fortalezas medievales más importantes de Cataluña. Las casas escalonadas, los antiguos embarcaderos y las calles empedradas conservan el ambiente de las villas ribereñas tradicionales.
En las orillas del río existen zonas naturales donde es habitual el baño estival (aunque no son ‘oficiales’ así que no tienen instalaciones específicas), con accesos desde el núcleo urbano. Desde estos lugares se obtienen vistas directas del castillo y del casco histórico reflejado sobre el río.
Garganta la Olla (Extremadura)
Garganta la Olla es uno de los pueblos más conocidos de La Vera gracias a sus balconadas de madera, soportales y viviendas entramadas de los siglos XV y XVI. La localidad, como la mayoría de los pueblos de la comarca, está rodeada de gargantas y paisajes de montaña que descienden desde la sierra de Gredos.
Muy cerca del casco urbano, la garganta Mayor forma varias pozas naturales de aguas transparentes entre grandes rocas graníticas. El charco de Las Pilas es uno de los más visitados de toda la comarca (en verano hay que estar avispado para encontrar sitio. Es recomendable madrugar).
Allariz (Galicia)
Allariz, en Ourense, conserva un cuidado casco histórico medieval articulado alrededor del río Arnoia. Iglesias románicas, plazas empedradas y antiguas murallas forman parte de una de las villas históricas mejor restauradas de Galicia.
La playa fluvial de Acearrica se integra en el paseo ribereño que rodea el río y cuenta con amplias zonas verdes, pequeñas áreas de baño y espacios para descansar junto al agua.
Arnedillo (La Rioja)

A Arnedillo, una pequeña localidad riojana situada en el valle del río Cidacos, se la conoce sobre todo por sus aguas terminales y por su entorno montañoso dentro de la Reserva de la Biosfera de La Rioja.
A orillas del río se encuentran las famosas pozas termales de Arnedillo, unas piscinas naturales de acceso gratuito donde el agua brota a temperaturas que superan los 50 °C y se va enfriando progresivamente entre las distintas pozas. El contraste entre el agua caliente y el entorno natural hace que sean especialmente populares en otoño e invierno. Pero nadie ha dicho que no se pueda disfrutar de los beneficios que ofrecen estas aguas y, además, las de menos temperatura también sirven para refrescarse.
Buitrago del Lozoya (Comunidad de Madrid)

Buitrago del Lozoya conserva una muralla prácticamente completa rodeada por las aguas del río. El castillo gótico-mudéjar y las vistas sobre la sierra madrileña convierten a esta villa medieval en uno de los conjuntos históricos más destacados de la región.
En el entorno del Lozoya existen pequeñas áreas con aguas tranquilas y rincones naturales frecuentados durante el verano como la piscina natural de Riosequillo, que tiene un área recreativa. Es un lugar muy popular, así que hay que intentar coger sitio pronto en verano, cuando aprieta el calor.
Moratalla (Murcia)

Moratalla posee un casco antiguo de origen medieval presidido por el castillo de la Orden de Santiago. Sus calles empinadas, plazas y edificios históricos recuerdan el pasado defensivo del noroeste murciano.
Aunque no están muy cerca de su núcleo urbano, solo hay que desplazarse unos pocos kilómetros para llegar a las pozas de Somogil, famosas por sus aguas claras, pequeñas cascadas y formaciones rocosas de origen calizo. La combinación de pueblo estrictamente medieval y piscina natural más acertada es esta.
Estella-Lizarra (Navarra)

Estella-Lizarra es una de las localidades medievales más mencionadas del país. Iglesias románicas, palacios y puentes medievales se reparten a ambos lados del río Ega, formando un conjunto histórico de gran valor.
En las inmediaciones del río se encuentra el manantial conocido como El agua salada, utilizado tradicionalmente como zona de baño y descanso gracias a sus aguas minerales. Muchos de sus vecinos se bañan directamente en el río que pasa por el pueblo.
Balmaseda (País Vasco)
Balmaseda, primera villa fundada en Vizcaya, mantiene un casco histórico atravesado por el célebre Puente Viejo y por estrechas calles porticadas. Durante siglos fue un importante núcleo comercial entre Castilla y la costa cantábrica.
A las afueras del pueblo está la zona recreativa de Bolumburu, a la orilla del río Cadagua, donde es posible bañarse. El entorno fluvial acompaña gran parte del recorrido urbano, así que posiblemente haya otros remansos en los que darse un chapuzón, pero hay que buscarlos (y ser muy precavido).
Bolbaite (Comunidad Valenciana)

Bolbaite conserva un pequeño casco histórico de raíces moriscas situado junto al río Sellent y dominado por su castillo-palacio. En las épocas de calor este es intenso, así que tener sitios donde darse un chapuzón es importante.
Afortunadamente, las piscinas naturales de Bolbaite, formadas por el agua del río Sellen, estacan por su agua limpia entre pasarelas, vegetación y pequeños saltos fluviales. El acceso puede realizarse fácilmente desde el casco urbano.
Carmen López
Soy periodista y escribo sobre cosas que importan en sitios que interesan desde hace más de una década.










